Carta a Felice, 4 de abril de 1913 (del libro Sueños, Franz Kafka)
8 mar 2011
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"Hace dos o tres noches soñé ininterrumpidamente con dientes. No eran dientes ordenados en una mandíbula, sino una masa de dientes ensamblados que, al igual que en el juego de la paciencia de los niños, eran conducidos por mi mandíbula y jugaban entre sí con un movimiento de traslación. Empleaba todas mis fuerzas para comunicar algo de enorme importancia para mí; el movimiento de los dientes, los huecos entre ellos, su rechinar, la sensación al moverlos: todo ello tenía una relación precisa con una idea, una decisión, una esperanza, una posibilidad que yo quería materializar, alcanzar, conservar, mediante ese morder sin fin. Me esforzaba tanto que a veces me parecía posible conseguirlo, a veces creía haber tenido éxito y, a primera hora de la mañana, cuando tenía que despertarme, abría un poco los ojos y tenía la sensación de que todo había salido bien, el trabajo de tantas noches interminables no había sido en vano, el ensamblaje definitivo e inmutable de los dientes era un claro signo de buen agüero, y me parecía inexplicable no haberme dado cuenta en toda la noche y haber estado tan desesperado como para creer que el hecho mismo de soñar perjudicaba mi descanso. Entonces me despertaba completamente (es el momento en que nuestra sirvienta me dice qué hora es, a gritos, en tono de queja y reproche) y me parecía no haber logrado absolutamente nada, la infelicidad de la oficina renace y resulta que tú, mi amor, sin que yo lo supiera, habías pasado toda la noche con dolor de muelas."
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